Mi
nombre es Loctho Helfdame, hijo de Landry Helfdame cruzado como yo y hombre de
Dios.
A
los tres años me quedé sin padre debido a una enfermedad que él contrajo en
uno de sus muchos viajes fuera de casa, a sus veintisiete años cumplía las órdenes
de su señor Arthur, el Superior de la orden, el cual le ordenó que predicara
la palabra de Atenea por los hijos de nuestro Diospara que todo el mundo pudiera
disfrutar de su doctrina. Lo que hizo que mi padre en una de sus incursiones en
las tierras de Rethel siervo del mal y adorador de Dahak con el cual estamos en
continua guerra, contrajo una enfermedad fruto de la herida de una flecha
lanzada por uno de los secuaces de Ret, que así es como nosotros llamamos a
Rethel el Sangriento.
A
su muerte, Ragnar, obispo de Clarck se apoderó de sus tierras, fechoría que
llevó a cabo burlando las leyes y declarando que, dado que mis padres eran
primos segundos, sus nupcias eran nulas, Fueron tales las infamias lanzadas por
Ragnar que mi madre que se llama Freyda Gros se vio obligada a escapar con mi
hermana Synia y conmigo y refugiarse en casa de mis primos de Revor, ciudad
situada a unos kilómetros al sur de Clarck. Allí mi madre se casó con mi
padrastro, Iven duque de Revor.
Iven
ya tenía dos hijos, Maltaf y Soer. Cuando el ejército de Rethel amenazó
Clarck, la ciudad santa, Iven, llevándose con él a Maltaf, su hijo mayor, se
alistó en las tropas de Arthur con intención de expulsar a los invasores.
Maltaf
se ahogó en el río Tea uno de los más profundos y caudalosos del país, lo
que hizo que Iven, se sumiera en la desesperación y se quitara la vida.
Soer
no tenía más que doce años en aquella época, pero su tía Drucille, que no
quería que la propiedad pasara a manos de mi madre se conchabó con un poderoso
obispo de la ciudad para anular el matrimonio y conseguir que la finca pasara
exclusivamente a manos de Soer. Así pues, mi madre, mi hermana y yo volvimos a
quedar privados del derecho de propiedad y nos vimos reducidos a la condición
de huéspedes en nuestra propia casa.
Drucille no se detenía ante nada con tal de perjudicar a mi madre llegó a utilizarla peor aún que a las mismas criadas y en cuanto a mí y a mi