Antes de empezar, sé que es un poco largo, ¿prefieres bajártelo? SÍ
Preludio a la escena:
Yaya Ceravieja y Tata Ogg, acompañadas de Greebo, el minino con más personalidad del Disco, emprenden un viaje desde su tierra de origen, Lancre, hacia la gran urbe de Ankh-Morpork, para resolver ciertos asuntos de importancia (que no vienen al caso, pues no quiero desvelar nada de la trama principal). Dejan de lado sus escobas y eligen como medio de transporte un carruaje que realiza normalmente ese trayecto.
La escena transcurre cuando el carruaje hace una parada para pasar la noche en una posada del camino.
Las dos brujas comparten habitación y colocan la cama atravesada tras la puerta pues nunca se sabe de los peligros que puedan encontrar en zonas civilizadas. Mientras, Greebo, da un paseo de reconocimiento por la zona.
Escena:
Hubo una ligera llamada a la puerta.
‘ ¿Quién anda ahí?’ inquirió Yaya.
‘ Soy yo, señora. Mr. Slot. Esta es mi posada’
Las brujas apartaron la cama a un lado y Yaya abrió un poco la puerta.
‘ ¿Sí?’ dijo escéptica.
‘ Eh . . . el conductor dijo que eran . . . brujas.’
‘ ¿Sí?’
‘ ¿Podrían quizás . . . ayudarnos?’
‘ ¿Qué ocurre?’
‘ Es mi niño . . . ´
Yaya abrió más la puerta y vio la mujer que estaba tras Mr. Slot. Un vistazo fue suficiente. Llevaba un retoño arropado en sus brazos.
Yaya retrocedió. ‘ Tráelo aquí dentro y déjame echarle un vistazo.’
Le cogió el bebé a la mujer, se sentó en la única silla de la habitación y retiró la sábana.
Tata Ogg se asomaba sobre su hombro.
‘ Umm’ dijo Yaya, al rato. Miró a Tata, la cual hizo un casi imperceptible movimiento de cabeza.
‘ Hay una maldición en esta casa, eso es lo que pasa,’ dijo Slot ‘ mi mejor vaca ha caído mortalmente enferma, también.’
‘ Oh, ¿tenéis un establo?’ dijo Yaya. ‘ Muy buen lugar como enfermería, un establo. Es por el calor. Mejor que me digas dónde está.’
‘ ¿Quiere llevar al niño allí bajo?’
‘ Ahora.’
El hombre miró a su mujer y se encogió de hombros. ‘ Bien, seguro que conoce mejor sus asuntos’ dijo él. ‘ Es por aquí.’
Llevó a las brujas por unas escaleras traseras y a través de un patio hasta el fétido y dulce aire del byre.
Una vaca estaba tendida en la paja. Giró un ojo anormalmente cuando entraron, e intentó mugir.
Yaya estudió la situación y se quedó mirando pensativa por un momento.
Entonces dijo, ‘ Esto valdrá.’
‘¿Qué necesita?’ dijo Slot.
‘ Sólo tranquilidad y silencio’
El hombre se rascó la cabeza. ‘ Pensé que haría un cántico o prepararía alguna poción o algo,’ dijo.
‘ A veces’
‘ Quiero decir, sé dónde hay un sapo . . .’
‘ Todo lo que me hará falta es una vela,’ dijo Yaya. ‘ Si puede ser, una nueva.’
‘ ¿Eso es todo?’
‘ Sí.’
Mr. Slot parecía un poco decepcionado. A pesar de su distracción, algo en su comportamiento sugería que pensaba que Yaya Ceravieja no era tan bruja si no quería un sapo.
‘ Y algunas cerillas,’ dijo Yaya, dándose cuenta. ‘ Una baraja de cartas puede ser útil, también.’
‘ Y yo necesitaré tres cortadas frías de cordero y exactamente dos pintas de cerveza,’ dijo Tata Ogg.
El hombre asintió. No sonaba mucho como a sapo, pero era mejor que nada.
‘ ¿Para qué has pedido eso?’ siseó Yaya, cuando el hombre se había marchado. ‘ ¡No me imagino para qué puede servir! De todas maneras, ya has tenido una gran cena.’
‘ Bueno, siempre estoy preparada para una comida extra. No me vas a querer por aquí y me voy a aburrir,’ dijo Tata.
‘ ¿He dicho yo que no te quisiera por aquí?’
‘ Bien . . . hasta yo puedo ver que este niño está en coma, y la vaca tiene el Bugge Rojo, eso creo. Eso es malo también. Por tanto, supongo que estás planeando una . . . acción directa.’
Yaya se encogió de hombros.
‘ En estos casos, una bruja necesita estar sola,’ dijo Tata. ‘ Pero piensa lo que haces, Esme Ceravieja.’
Pusieron al niño en el suelo, en una sábana, lo más cómodamente posible. El hombre seguía a su mujer con una bandeja.
‘ La señora Ogg realizará los procedimientos necesarios con la bandeja en su habitación,’ dijo Yaya orgullosamente. ‘ Simplemente dejadme aquí esta noche. Y que nadie entre, ¿vale? No importa qué pase.’
La madre dio una curtsey preocupada. ‘ Pero pensé que podría mirar sobre median---´
‘ Nadie. Ahora salid.’
Cuando hubieron sido, gentil pero firmemente, acompañados fuera, Tata Ogg asomó la cabeza por la puerta. ‘ ¿Qué estás planeando exactamente, Esme?’
‘ Has velado a moribundos bastante a menudo, Gytha.’
‘ Oh, sí, es . . .’ La cara de Tata se ensombreció. ‘Oh, Esme . . . no irás a . . .’
‘ Disfruta de tu cena, Gytha.’
Yaya cerró la puerta.
Estuvo un rato arreglando cajas y barriles con lo que consiguió una rústica mesa y algo en que sentarse. El aire era caliente y olía a flatulencia bovina. Periódicamente comprobaba el estado de salud de ambos pacientes, a pesar de que había poco que comprobar.
En la distancia, los sonidos de la posada iban desapareciendo. El último fue el tintineo de las llaves del posadero mientras cerraba las puertas. Yaya le oyó andar hasta la puerta del establo y titubear. Entonces se marchó y empezó a subir las escaleras.
Esperó un poco más y entonces encendió la vela. Su viva llama daba un resplandor caliente y acogedor.
Sacó las cartas sobre la tabla de la mesa e intentó jugar a Paciencia, un juego que nunca había sido capaz de dominar.
La vela se consumía. Dejó las cartas a un lado y se sentó observando la llama.
Tras una incalculable porción de tiempo la llama titubeó. Esto hubiera pasado inadvertido para cualquiera que no hubiese estado concentrado en ella por un tiempo.
Respiró profundamente y ---
‘ Buenos días,’ dijo Yaya Ceravieja.
BUENOS DÍAS, le dijo una voz al oído.
[...]
Yaya soltó aire, despacio.
‘ Ven y toma asiento donde pueda verte. Son buenos modales. Y déjame decirte justo ahora que no te tengo miedo.’
La figura alta y vestida de negro dio unos pasos y se sentó en un barril cercano, apoyando la guadaña contra la pared. Luego se quitó la capucha.
Yaya cruzó los brazos y miró fijamente al visitante, encontrando su mirada de cuenca de ojo.
ESTOY IMPRESIONADO
‘ Tengo fe.’
¿SÍ?, ¿EN QUÉ DEIDAD PARTICULAR?
‘ Oh, en ninguna de ellas.’
ENTONCES, ¿FE EN QUÉ?
‘ Sólo fe, ya sabes. En general.’
La muerte se echó hacia adelante. La luz de la vela produjo nuevas sombras en su calavera.
EL CORAJE ES FÁCIL A LA LUZ DE UNA VELA. TU FE, SOSPECHO, ESTÁ EN LA LLAMA.
La muerte sonrió con una mueca.
Yaya se echó hacia adelante y apagó la vela de un soplido. Entonces, cruzó sus brazos otra vez y miró fieramente frente a ella.
Tras un tiempo una voz dijo, VALE, LO HAS DEMOSTRADO.
Yaya encendió una cerilla. Su luz iluminó la calavera que tenía enfrente, que no se había movido.
‘ Ya es suficiente,’ dijo, mientras encendía de nuevo la vela. ‘ No queremos estar aquí sentados toda la noche, ¿no?. ¿ A por cuántos has venido?’
UNO.
‘ ¿La vaca?’
La muerte negó con la cabeza.
‘ Podría ser la vaca.’
NO. ESO SERÍA CAMBIAR LA HISTORIA.
‘ La historia se trata de cosas que cambian.’
NO
Yaya se acomodó en la silla.
‘ Entonces te reto a un juego. Es tradicional. Está permitido.’
La muerte estuvo en silencio un momento.
ES VERDAD.
‘ Bien.’
RETARME POR MEDIO DE UN JUEGO ES PERMISIBLE.
‘Sí’
NO OBSTANTE . . . ¿ENTIENDES QUE PARA GANAR TODO DEBES JUGÁRTELO TODO?
‘ ¿Doble o nada? Sí, lo sé.’
PERO NO AL AJEDREZ.
‘ Nada de ajedrez.’
NI MUTILAR A DOÑA CEBOLLA, NUNCA HE SIDO CAPAZ DE ENTENDER LAS REGLAS.
‘ Muy bien. ¿Qué tal una mano de póquer?, ¿Cinco cartas cada uno, sin robar? Muerte súbita, como se suele llamar.’
La muerte pensó sobre esto, también.
¿CONOCES A ESTA FAMILIA?
‘No’
ENTONCES, ¿POR QUÉ?
‘ ¿Hablamos o jugamos?’
OH, MUY BIEN.
Yaya cogió el mazo y lo barajó, sin mirarse a las manos y sonriendo a la Muerte a la vez. Repartió cinco cartas a cada uno y fue a coger las suyas . . .
Una mano huesuda tomó sus manos.
PERO PRIMERO, SEÑORA CERAVIEJA – NOS CAMBIAREMOS LAS CARTAS.
La Muerte tomó los dos montones, los intercambió, y asintió a Yaya.
¿SEÑORA?
Yaya miró sus cartas, y las mostró en la mesa.
CUATRO REINAS. UMM. ESO ES MUY ALTO.
La Muerte echó un vistazo a sus cartas y luego, con su mirada de ojos azules, a la seguridad de Yaya.
Ninguno de los dos se movió en un tiempo.
Entonces Muerte dejó la mano en la mesa.
YO PIERDO, dijo. SÓLO TENGO CUATRO UNOS.
Volvió a mirar a los ojos a Yaya por un momento. Había un brillo azul en la profundidad de sus cuencas oculares. Quizás, por una ligera fracción de segundo, apenas advertible incluso por la observación más cercana, una parpadeó.
Yaya asintió y extendió una mano.
Se enorgullecía de su habilidad de juzgar a la gente por su mirada y por su apretón de manos, el cual, en este caso, fue uno bastante frío.
‘ Llévate la vaca,’ dijo.
ES UNA VALIOSA CRIATURA.
‘ ¿Quién sabe en qué se convertirá el niño?’
La Muerte se levantó y fue a por su guadaña.
Dijo, AY.
‘ Ah, sí. No he podido evitar darme cuenta,’ dijo Yaya Ceravieja, mientras la tensión iba desapareciendo de la atmósfera, ‘ que parece que tienes un poco suelto ese brazo.’
OH, YA SABES CÓMO ES ESTO. LAS ACCIONES REPETITIVAS Y TODO ESO . . .
‘ Puede ponerse mal si lo vas dejando.’
¿CÓMO DE MAL?
‘ ¿Quieres que le eche un vistazo?’
¿NO TE IMPORTARÍA? LA VERDAD ES QUE DUELE EN LAS NOCHES FRÍAS.
Yaya se levantó y fue a cogerle, pero sus manos sólo atravesaron el aire.
‘ Mira, vas a tener que ser un poco más fuerte si quieres que haga algo –´
¿PUEDE SER UN POCO DE SACAROSA Y AGUA?
‘ ¿Azúcar y agua? Supongo que sabes que eso es solo psicológico. Vamos, enróllate esa manga. No seas un bebé grande. ¿Qué es lo peor que puedo hacerte?’
Las manos de Yaya tocaron el liso hueso. Había tocado de peores. Al menos, esos nunca habían tenido carne sobre ellos.
Tocó, pensó, agarró, giró . . .
Hubo un clic.
AY.
‘ Ahora prueba a subirlo.’
EH. UMM. SÍ. PARECE ESTAR CONSIDERABLEMENTE MÁS LIBRE. SÍ, EN EFECTO. VAYA QUE SÍ. MUCHAS GRACIAS.
‘ Si te vuelve a dar problemas ya sabes donde vivo.’
GRACIAS. MUCHAS GRACIAS.
‘ Sabes donde vivo todo el mundo. Los martes por la mañana es un buen momento. Suelo estar en casa.’
LO RECORDARÉ. GRACIAS.
‘ Con cita, en tu caso. Sin ofender.’
GRACIAS.
La Muerte se marchó. Un momento más tarde hubo un débil boqueo de la vaca. Eso, y un ligero hundimiento en la piel era todo lo que aparentemente marcaba la transición entre animal vivo y carne enfriándose.
Yaya tomó en brazos al bebé y le tocó la frente.
‘ Se ha ido la fiebre,’ dijo.
¿SEÑORA CERAVIEJA? Dijo la muerte desde la puerta.
‘¿Sí?’
DEBO SABER. ¿QUÉ HUBIERA PASADO SI YO NO HUBIERA . . . PERDIDO?
‘ ¿Te refieres a las cartas?’
SÍ. ¿QUÉ HUBIERAS HECHO?
Yaya dejó con cuidado al bebé en la paja y sonrió.
‘ Bueno,’ dijo, ‘ para empezar . . . te hubiera roto tu asqueroso brazo.’