Gaztakin, la historia de una vida:
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aztakin nació en un pequeño poblado elfo de la zona de Niktu llamado Alkpu. Situado en una zona agraciada por la naturaleza, en un valle verde de pastos, recorrido por un riachuelo veloz, y rodeado de altas montañas. Alkpu era un pequeño asentamiento de casas de madera que acogía a 10 ó 12 familias; la gente del pueblo vivía del pastoreo, de la caza y del comercio con la capital de pieles y maderas nobles. Aún así la vida en Alkpu no era ni mucho menos lujosa, más bien todo lo contrario, se pasaba con lo justo y en muchas ocasiones sufriendo por salir adelante. Dentro de este poblado en una casa de un sólo piso hecha de pino negro vivía la familia de Gaztakin; sus padres, Urdaiazpiko y Piperrakin se conocieron en ese mismo poblado y sus raíces se remontaban a los primeros pobladores de la zona. Eran gente conocida y querida, con tres hijos, dos machos y una hembra y un gran rebaño de corderos, vacas y algunos caballos.Pese a la miseria todo el pueblo rebosaba de felicidad pues las necesidades mínimas estaban abastecidas y no tenían preocupación de ninguna clase, además las viejas rencillas entre familias habían desaparecido totalmente, sobretodo debido al emparentamiento entre estas. De este modo el pueblo era feliz y siempre había excusa para una celebración en la plaza central: la llegada de las lluvias, el primer cordero del año, un arco iris, una boda, un nuevo miembro del pueblo, un buen trato, etc..
Desde hacía un tiempo se había asentado un grupo de enanos nómadas en la ladera superior de uno de los altos montes que rodeaban el pueblo, nadie sabía qué hacían allí pero corrían rumores de que iban detrás de un gran depósito de metales preciosos que suponían podrían encontrar en esos montes. Los enanos no se relacionaban con los elfos del poblado, pero éstos habían visto sus caravanas repletas de piedras por los caminos de la zona y en dirección a la capital, incluso en alguna ocasión especial habían mandado a algún niño enano a por carne o pan, que cambiaban por toscas pero útiles herramientas de piedra, madera y hueso de fabricación propia.
Pasó el tiempo y las cosas seguían igual, pero llegó un fatídico día de primavera que marcó para siempre la historia de Alkpu. Ese día había amanecido lluvioso pero un viento caliente provocaba una desagradable sensación; toda la gente del pueblo tuvo la misma sensación de que ése no iba a ser un buen día y acertaron totalmente. A media mañana escucharon un raro repiqueteo provinente del camino que llevaba al asentamiento enano, y que a los pocos minutos se convirtió en estruendo. Antes de que nadie se diese cuenta de lo que estaba ocurriendo aparecieron un gran grupo de enanos enarbolando grandes mazas, martillos y hachas; tras estos podían verse un sinfín de carretas cargadas de gente y piedras.
Los enanos arrasaron completamente en poblado elfo, robando todo cuanto consideraron de valor para ellos, es decir, todo lo que pudieron cargar en sus carretas, destrozando las casas y matando a quien intentara interponerse. El resultado de tan atroz ataque fue la pérdida de un tercio de la población , casi todos ellos machos, la destrucción total del poblado, el robo o pérdida de más del 80% de las cabezas de ganado, y la pérdida también de toda reserva de alimentos y materiales. La familia de Gaztakin no corrió mejor suerte, perdió todas sus posesiones y además la vida del padre de familia Urdaiazpiko y del hijo mayor, Barkatu, que cayeron en la lucha.
Nadie se explicaba cuál era el motivo de tan brutal ataque y todos lo achacaron a un castigo divino.( A posteriori pudieron conocer que los enanos habían fracasado al intentar encontrar material precioso en la montaña, y que la roca maciza que vendían para construcciones en la ciudad apenas les daba para malvivir. Por este motivo decidieron abandonar el asentamiento, no sin antes destrozar el poblado que con tanta envidia habían visto prosperar desde las alturas.)
Una vez finalizado el ataque, reuniose toda la gente restante en la plaza central del pueblo. Pese a que algunos propusieron marcharse de la zona, la resolución final fue la de, entre todos, volver a levantar el pueblo en el mismo lugar donde estuvo durante siglos. El resto del día fue de tristeza, desolación y trabajo duro, pues se debía enterrar a los muertos, tratar de recuperar el ganado perdido por la montaña y además encontrar comida y refugio.
Piperrakin, su hija Mesedez y su hijo Izarra durmieron esa fría noche al raso, acurrucados entre los rescoldos de lo que anteriormente había sido su casa. Los dos jóvenes estaban aterrados y su madre, aunque no menos aterrada, tuvo que ocuparse de hacer que olvidaran lo visto y pensaran en el futuro con optimismo.
- Cada día tiene algo bueno, hijos, únicamente debéis encontrarlo.- Les dijo Piperrakin
- Eso no es cierto, ¿y qué me dices del día de hoy?.- Replicó Izarra
- Hijos, como muestra de que lo que os digo es cierto, os daré la buena noticia de hoy.- Los niños quedaron expectantes pues no creían que un día como ése pudiera haber tenido nada de positivo.- Mesedez, Izarra, vais a tener un hermano.
Así pues, pasó el tiempo, la gente fue reconstruyendo sus hogares y arreglándose para comer como buenamente podían, pero nadie se dio por vencido, todas las familias permanecieron en el pueblo, más por un acto de esperanza que por convicción. La familia de Gaztakin trabajó como la que más, empujados por el acicate del nuevo miembro venidero de la familia. El joven Izarra se dedicó a la tarea dura de la construcción de la nueva casa, teniendo que conseguir la madera para construirla y además cazar para poder comer. Las mujeres ayudaban en lo posible a la construcción y además cuidaban de los animales y trabajaban con las pieles. Llegó el nacimiento de Gaztakin, un pequeño macho de tez y pelo moreno con ojos oscuros, manos pequeñas, sano y con el llanto fuerte; pero obviamente su nacimiento no hizo sino empeorar y dificultar la situación familiar que vivía con los recursos muy limitados.
Pasó el tiempo y Gaztakin fue creciendo en el seno de una familia pobre pero trabajadora. Éste pasó largas horas de sus días de infancia solo o con los otros niños del pueblo, que no eran muchos, y cuando se desarrolló lo suficiente su pequeño cuerpo, tuvo que ayudar al resto de su familia en las tareas.
Gaztakin no destacaba por su fuerza, por lo que las labores duras no le podían ser encomendadas, pero por otra parte era un niño muy hábil y mañoso; esta habilidad hizo que destacara curtiendo y cortando pieles y también manejando los animales de la familia, aún siendo muy pequeño. Todos los días llevaba al ganado a pastar a la montaña de buena mañana y regresaba entrada la tarde; esto hacía que dispusiera de mucho tiempo libre en el que se dedicaba a los trabajos manuales, a observar la naturaleza y a tocar la flauta.
Creció Gaztakin y junto a él crecieron también sus inquietudes y deseos; estaba harto de la rutina del pueblo y quería agrandar sus horizontes. A estos pensamientos ayudaba el hecho de que el trato con su familia era mínimo, ya que pasaba todo el día fuera y el mal trato recibido de sus hermanos, que lo consideraban, aunque no abiertamente, un vago, un aprovechado y que no tenía respeto hacia su pobre madre. Gaztakin no entendía estas acusaciones pero nada podía hacer contra ellas con lo que optó por hacer eso que había soñado en tantas largas mañanas, marcharse a la ciudad. Él veía en sus sueños a la ciudad como algo maravilloso, un lugar de abundancia (pues si vivía mucha gente es porque había abundancia y además porque sabía que todas las carretas tenían como origen o destino a la ciudad); así que decidió que para él no iba a ser peor que para el resto de la ciudad y que siempre estaría mejor que en su viejo y solitario pueblo.
Un día, se despidió de su madre, se echó al hombro un pequeño saco con algo de ropa, comida, unas monedas y su flauta y tomó rumbo hacia la ciudad. Aunque su madre no le dijo nada, ésta sabía que su acción no iba a ser bien vista por nadie en el pueblo ya que se consideraría como un abandono a su familia que le necesitaba y además representaría la confirmación de los pensamientos de sus hermanos.
Gaztakin en principio pretendía hacer el trayecto a pie hasta la ciudad por no poseer de transporte y porque sabía que nadie del pueblo iba a estar dispuesto a ayudarle a abandonar su lugar natal llevándole en alguna carreta de comercio, pero transcurridas 3 horas de camino decidió que era muy aburrido y cansado y que quería llegar cuanto antes a su destino, así que se deslizó con agilidad en la primera carreta que encontró.
A su llegada a la ciudad quedó maravillado por su tamaño y por la cantidad de gente y de cosas desconocidas para él que habían. Lo primero que tenía pensado hacer era encontrar un método de conseguir dinero para poder comer y para alojarse, pero para desgracia y decepción suya la ciudad no era como pensaba y no se nadaba en la abundancia así que los primeros días tuvo que dormir en un pajar y comer mendrugos de pan con cerveza, que conseguía pagar con las monedas obtenidas gracias a tocar su flauta y a su fluida labia que usaba para contar historias que él mismo inventaba, y que conseguían hacer sonreír al más serio y llorar al más alegre. Gracias a la maña que demostró con sus manos fue contratado como aprendiz en algunos comercios artesanos, como carpintero, sastre o herrero, pero estos trabajos aunque llenaban el estómago y los bolsillos de Gaztakin no conseguían llenarle interiormente, más que nada porque le resultaban monótonos y aburridos y porque le robaban mucho de su tiempo. Durante todo este tiempo Gaztakin seguía durmiendo en el pajar pues era mucho más barato y probablemente más cómodo que cualquiera de los alojamientos que pudiera pagar; donde sí iba muy asiduamente era a varias tabernas de la zona centro de la ciudad, donde contaba sus historias y tocaba su flauta en pos de conseguir algunas monedas. Este hecho hizo que poco a poco fuera conociendo a los clientes habituales de esas tabernas con los que pasaba largas horas hablando y bebiendo cerveza La mayoría de esos clientes habituales se trataba de ese tipo de gente a los que nunca ves trabajar pero que siempre tienen dinero y tiempo que gastar en la taberna, es decir, la gente que vive fuera de la ley. Entre esta gente no pasó desapercibida la habilidad manual del joven pueblerino ni tampoco su agilidad de movimientos y de lengua, y viendo en él un tesoro pronto hubo un grupo que le propuso conseguir dinero por no hacer nada. El pobre Gaztakin que ni concebía el hecho de robar ni de realizar malos actos vio en la proposición que le ofrecían una oportunidad irrechazable.
Los primeros trabajos que le fueron encomendados eran tareas fáciles que no hacían sino servirle de prueba; tareas como pequeños hurtos en comercios, distracción de personas o escalada de muros que Gaztakin realizaba totalmente engañado y siguiendo las indicaciones de sus nuevos compañeros. Puesto que el joven elfo daba sensación de tener grandes cualidades el grupo de bribones que le probaba decidió introducirle en su cofradía, su lugar de reuniones, donde circulaban las noticias y donde les eran encomendados algunos objetivos no demasiado limpios por parte de los cabecillas. Gaztakin, que poco a poco iba perdiendo su ingenuidad de niño de campo encontró en este nuevo lugar una oportunidad de aplicar y perfeccionar sus artes y además de aprender algunas nuevas. De este modo conoció Gaztakin todas las bases del mundo oscuro e ilícito de los ladrones, cómo abrir cerraduras o vaciar bolsillos y además pudo aplicar su agilidad en nuevas habilidades como esconderse o caminar sin hacer ruido.
Pronto consiguió Gaztakin hacerse conocer y respetar por el resto de ladrones de la ciudad, pues sus fechorías iban aumentando paulatinamente de dificultad y espectacularidad. Pero obviamente todo esto tuvo un precio, Gaztakin perdió todo respeto hacia el resto de los seres vivos y hacia sus pertenencias, y aunque nunca actuaba sin motivo, cuando lo hacía su crudeza y sangre fría eran de notar. De este modo obtuvo las cualidades psicológicas idóneas para un ladrón, sin ataduras hacia el resto de seres vivos, la mente lúcida y los pensamientos claros y además la suficiente sangre fría como para serle difícil ponerse nervioso y a esto añadió su habitual tranquilidad y dedicación a las cosas.
La ciudad era un mundo de posibilidades para un ladrón y había espacio y objetivos para poder mantener a un buen grupo de éstos como el que existía en Niktu; pese a esto Gaztakin comenzó a acaparar la mayoría de las misiones más gratificantes y esto despertó la envidia de muchos de sus compañeros de cofradía, que veían como el novato les superaba cada día que pasaba. Un grupo de estos bribones, presos de esta envidia, decidió tenderle una trampa a espaldas de la cúpula de la cofradía, que le tenía gran aprecio. Puesto que los cófrades tienen una especie de "pacto de lealtad" entre ellos la trampa tendida a Gaztakin tenía que ser tan sutil e inteligente que no despertara sospechas entre los demás ladrones de la cofradía, pues de este modo podía tornarse en contra de sus realizadores. Pensaron que un buen método para deshacerse de él podía ser que cometiera un error y fuese perseguido por la justicia de la ciudad con lo que no podría seguir actuando en esta zona, sería perseguido por los agentes del orden y sería expulsado de la cofradía; pensado esto idearon su plan: todos conocían a grandes rasgos la historia de la vida de Gaztakin pues éste la había narrado en numerosas tardes tras alguna cerveza, y además todos recordaban la historia del ataque enano a su pueblo y la rabia con que lo contó. Ése sería su punto débil.
Así pues tendieron su hábil trampa: contrataron a un viejo enano que haría saber, de un modo sutil y desintencionado, de su participación en el ataque de Alkpu a Gaztakin. Por otra parte untarían a un guardia para que estuviera pendiente de los movimientos del enano y el elfo y pudiera actuar ante el más que probable ataque de ira de Gaztakin hacia el enano. En cuanto atacara estaría perdido pues el guardia caería sobre él y estaría marcado por la ley para siempre, razón por la cual sería expulsado.
Llegó el día en que pusieron en marcha el plan. Todo caminaba sobre ruedas pues habían conseguido a un enano que se prestase a desempeñar el papel requerido y no les había sido muy difícil sobornar a un guardia, además habían organizado el accidental encuentro en una de las tabernas de la ciudad. El encuentro se produjo pero contrariamente a las predicciones de los bribones, el ataque no. Una vez Gaztakin fue conocedor de la información que habían obligado al enano a relatar cambió su semblante pero no hizo nada especial, y salió de modo natural de la taberna. Ante la decepción de los malhechores todo había ido mal, pagaron al enano, que se marchó extrañado pero feliz y se quedaron a beber en la taberna.
Una vez más la serenidad de Gaztakin le había sido útil, pero no podía resistirse a dar su merecido al enano así que una vez salió de la taberna se camufló en unas sombras cercanas, disimuló su atuendo y se dispuso a esperar su salida con su daga empuñada. Una vez el viejo enano salió de la taberna y hubo dado unos pasos fuera de ella saltó Gaztakin a su espalda asestándole una feroz puñalada que hizo desplomarse al corpulento enano sin ni siquiera conocer qué le había ocurrido. Satisfecho de su acto, cogió del cadáver un saquillo de monedas y se marchó de la zona, no sin preguntarse qué haría un enano así con tanto dinero. Pero la suerte ya estaba echada, el guardia, atento a su misión había visto el ataque y aunque no había reconocido al agresor no le sería difícil acusarle. Estas noticias corrieron de boca en boca entre los bribones de la ciudad hasta que llegaron a los más importantes, incluidos los de la cofradía de Gaztakin; éstos decidieron tras una larga reunión que lo más prudente para él sería abandonar la ciudad para evitar males mayores. Los bribones, entre cuyos defectos no se encontraba el de la ingenuidad, no quisieron perder a la perla de la cofradía de por vida; por este motivo decidieron encomendar a Gaztakin una misión que lo mantuviera alejado de la ciudad, pero a su vez ligado a la cofradía; propusieron al joven Gaztakin un “ascenso”, y un cambio de trabajo. A partir de ese momento el elfo pasaba a ser un informador de la cofradía y le fue encomendada la misión de la recogida de información de gentes y lugares de zonas relativamente alejadas. El cambio en la forma de ganarse la vida no hizo mucha gracia a Gaztakin, pero un cambio de aires era algo que ya se había planteado en algún momento, por lo que aceptó las exigencias de sus superiores. Por otra parte, las condiciones de su trabajo podían cualificarse como bastante positivas para Gaztakin, pues le daban plena libertad sobre sus acciones, no debiendo obedecer ninguna orden específica. Además le otorgaban la posibilidad de conservar todos los objetos y tesoros conseguidos durante sus aventuras, no teniendo que dar parte de ellos a la cofradía. Gaztakin tenía además el privilegio de tener todo el apoyo de su cofradía, con lo que ello suponía en cuanto a contactos en el exterior con otras cofradías aliadas o en cuanto a conseguir el equipo necesario para afrontar su nueva etapa.
De este modo partió Gaztakin de la ciudad en una noche clara de luna llena con el compromiso de volver a compartir su información con sus compañeros cofrades. Información, que por supuesto, le sería recompensada económicamente, con lo que se aseguraba su vuelta.
A partir de este momento el joven pero espabilado bribón elfo comenzó lo que sería la mayor aventura de su vida. Una apasionante historia que sigue forjándose día a día y que sólo podrá ser relatada cuando la leyenda de su protagonista haya llegado al punto en que bardos y poetas basen sus composiciones en ella.
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